Es como lo del gato muerto en la caja cerrada, que no se sabe si está muerto o no, pues igual, hay un principio de incertidumbre sobre la gilipollez de este tío, bordeando sutilmente un misterio
Por cierto, que uno de los motivos para ponerlo tan caro dice el notas es que muchas de las copias de thriller fueron destruidas cuando salió el caso de Jackson y los niños, tócate el cullons!si vendió 17 millones!
Gilipollas sera la gente que se gaste el dinero en eso, si yo tengo ese disco y lo puedo vender por ese dinero, lo hare y nose porque se me llamaria gilipollas
Alvaro_sw7 escribió:Gilipollas sera la gente que se gaste el dinero en eso, si yo tengo ese disco y lo puedo vender por ese dinero, lo hare y nose porque se me llamaria gilipollas
Pues a mi me apena que se haya muerto justo cuando estaba ensayando y preparando su vuelta, supongo que todos habéis visto ya este video en las noticias de uno de sus últimos ensayos:
Es cierto lo ví el otro día, fijate al final la Orianthi que había pillado un buen curro para despegar............, aunque supongo que el hecho de haber estado aunque a medias, le habrá servído de mucho.La verdad es que el Maikel siempre elegía buenos guitarristas para la giras
Siguiendo con el Maiquelyasson, artículo de Fernando Castro Flórez en ABCD, tomado de SalonKritik:
Canción de cuna para el mutante
Era calvo, pesaba 51 kilos, estaba demacrado y lleno de cicatrices, la nariz deconstruida y las costillas rotas en varios pedazos. Ese, lo juro, no era, por más que lo digan unos forenses desalmados, Michael Jackson. Todos los que no han perdido aún el juicio saben que aquel que cantaba Say Say Say con Paul McCartney, disfrazado como un bufón en el Far West de pacotilla, era un ser mágico. Solamente alguien de textura angélica podía volver soportable los calcetines blancos con pantalones pesqueros. No es fácil, ni mucho menos, vestir como si uno fuera el portaestandarte de unas majorettes pasaditas de años. Tampoco puede salir impune el que toca la pandereta en la tuna. Pretendía ser un héroe o incluso un malote aunque finalmente bailara de puntillas o con zancadas de esas que cuestan una puñalada en un barrio de mala muerte. Imaginó callejones con grafiti o estaciones de metro que eran el esplendor del cartón piedra. Elevó el kitsch a categoría vertebral de un mundo que carecía de misterio.
El colmo del pastiche
Cantó Leave Me Alone montado en un cochecito de parque de atracciones, en una metamorfosis blanda del tren de la bruja. Su rancho de Neverland era el colmo del pastiche, con zoológico y noria incorporados. En la danza macabra, que todo lo iguala, comenzó la retórica de la amnesia: nadie tenía presente las acusaciones (seguramente difamatorias o puro montaje) de pederastia, ni su forma peligrosa de agitar a uno de sus hijos en un balcón o de llevarlos enmascarados para provocar perplejidad urbi et orbi. Fuera morfina, anestesia o una alita de pollo del Kentucky lo que provocó su muerte, todo pasaba a ingresar en el terreno del mito. Hasta el reverendo Jesse Jackson vino a dar las gracias a Dios por haberle permitido ser contemporáneo de Michael Jackson.
No me tocó, evidentemente, la lotería de las entradas para el Pabellón de los Lakers y, por esa razón, tuve que ver el funeral del siglo XXI por televisión: apenas pude contener las lágrimas cuando Stevie Wonder dijo que aunque nosotros le necesitábamos, seguro que Jesús le necesitaba más.
Todo se pega
«Este va a ser -dijo una presentadora como si fuera hermana de leche de la Pitonisa Lola- uno de los momentos más emocionantes de la ceremonia.» Acto seguido, apareció uno de los hermanos del divo pre-canonizado para cantar algo muy triste pero, sobre todo, prodigiosamente desentonado. Portaba, exorcizando el mal fario, una corbata amarilla y dos pinganillos que me atrevo, sin connotaciones futboleras, a calificar como «galácticos». También llevaba un guante blanco con cristales de Swarovski incrustados. Todo, lo sabemos, se pega (hasta en las mejores familias), y el gusto hortera adquiere dimensiones epidémicas.
Recordé, para liberarme de la sensación inmensa de ridículo, canciones como You Are Not Alone o They Don't Care About Us y, por supuesto, la clave de la mitología: los vídeos prodigiosos realizados por gente tan solvente como John Landis, Martin Scorsese o David Fincher. Vimos cómo un zombi podía ser también un héroe anacrónico en algo así como la Unión Soviética explicada a un regimiento de parvularios, o un tipo engañado por su novia que dejaba tarjetas de visita con nombres variadísimos y looks incontables; pero también se atrevió a meter una canasta de tacón tras los mates acrobáticos de Michael Jordan. No es que fuera Dangerous, sino que disponía de más recursos que el mago de Oz.
El denominado Rey del Pop anunció sus conciertos londinenses con el más simplificado de los lemas: This Is It. En realidad, no era tanto un sujeto cuanto una cosa que tenía, por emplear términos de Perniola, el sex-appeal de lo inorgánico. En uno de sus vídeos contemplamos cómo rostros de gentes de todas las razas van fundiéndose de forma prodigiosa: él mismo no era otra cosa que un mutante, el exponente del comienzo de una (post)Historia epidérmica. Porque algo le había pasado a su piel en un desbordamiento enigmático de todo maquillaje.
Es legítimo que todos los que tomaron la palabra ante el ataúd vacío proclamaran enfáticamente que allí estaba el afroamericano que había abierto «las puertas del mundo». Tal vez querían decir que ese tipo que pretendió ser una mezcla de Peter Pan y Liz Taylor fabricó una tonalidad que le permitía salir impune hasta cuando bailoteó, aparentemente, en las favelas brasileñas. Antes de que sea convertido en panacea universal y exponente del santoral neo-Barroco, conviene recordar que su mensaje, si tal palabra no está aquí completamente fuera de lugar, era un conjunto de naderías: el canto superlativo al amor universal puede llegar a ser la cosa más empalagosa e insoportable que la mente más perversa pueda imaginar.
Mestizaje perfecto
Baudrillard tenía claro que, ya que el mundo adopta un curso delirante, debemos adoptar sobre él un punto de vista delirante. En La transparencia del mal, concretamente en el capítulo dedicado al transexual, afirmó que Michael Jackson es un mutante solitario, precursor de un mestizaje perfecto en tanto que universal, la nueva raza después de las razas; es el andrógino artificial de la fábula, «que, mejor que Cristo, puede reinar sobre el mundo y reconciliarlo porque es mejor que un niño-dios: un niño-prótesis, un embrión de todas las formas soñadas de mutación que nos liberan de la raza y del sexo».
Aunque había salido de la tumba con la piel putrefacta, no supo ni quiso renunciar al disfraz. Todas sus rarezas quedaron sintetizadas en la también mítica cantinela de Rodolfo Chikilicuatre. En el acto final -literalmente, en la catástrofe- de las pompas fúnebres, mientras una troupe entonaba We Are The World, me dio la impresión de que no había un solo semblante que no hubiera pasado por la mesa de disección: cirugía plástica como prehistoria del freakismo lacrimógeno.
We Are The Children
Tema espinoso o identificación psicótica. En su entrevista con Oprah en Neverland, Michael Jackson no se cortó ni un pelo, perdón por la maldad, al decir que él «imitaba a Jesús». Tal vez fuera por el «dejad que los niños se acerquen a mí». Lo curioso es que el mito, en el país de los lotófagos, exorciza toda oscuridad. Por un lado están los millares de imitadores de sus pasos de baile, los que no consiguieron hacer bien el moon walker; junto a ellos, los que aún tenían reservas en el lacrimal tras la ascensión de Lady Di; y, por supuesto, tampoco faltan a la cita los que piensan que, en la Bolsa del Más Allá, Michael Jackson es, como dijo un lúcido comentarista de televisión, el valor más seguro.
Montaña rusa
Hemos vivido otro de esos «momentos históricos» de una época en la que lo importante es que te acepten en la tribu de los mentawai. En el momento de los homenajes fúnebres, el verbo agarra, gozosamente, las pendientes de la montaña rusa; así he escuchado la tautología o perogrullada del millón: «Thriller es el disco más redondo de la Historia». El encanto frankenstiniano de Michael Jackson pasa a mejor vida porque ahora, en el país de Nunca Jamás, es urgente «evadirse hacia un mundo de magia». Da igual que bajo la peluca, como bajo los adoquines, estuviera el calvero o que la mano inercial a los bajos tocara poca cosa. El «adiós planetario», el homenaje no debería cesar nunca. Merecemos todas esas canciones de cuna.
Bueno, Castro flórez es crítico de arte en verdad, probablemente el mejor de este país, ahí le dio por hablar del Yacson como podría hablar de otra cosa, la suya es mala leche bastante bien afinada.
Vchap escribió:Bueno, Castro flórez es crítico de arte en verdad, probablemente el mejor de este país, ahí le dio por hablar del Yacson como podría hablar de otra cosa, la suya es mala leche bastante bien afinada.
A mí es que esto de la profesion de criticar.........no le veo la cosa, no .......
Me parece muy bien que sea un entendido en arte (mejor para él), pero para mí sigue siendo un GELIPOLLAS
El señor cabeci-cubo también le ha hecho un pequeño homenaje al Sr. Jackson: "The Homing Beacon", a song for Michael Jackson . Para los que os interese, aquí os la dejo A mí me ha gustado.
"Originally, this song had 6425 notes in it. Tonight, however, I will play a lot more than that."