Pues cuando pruebo una guitarra en la tienda igual, me entero de lo que pesa, de lo cómodo que es el mástil y de poco más. Si tengo al tío encima mirándome, es que no puedo tocar ni dos acordes seguidos; si me meto en la cabina insonorizada es un poco mejor, pero tocas con un ampli que no suena como el tuyo y que además está en el suelo.
Piensas:
-¡Qué tralla da! ¡Qué cristalino suena en limpio! (pero, ¿el qué? ¿El ampli o la guitarra? ¿Sonará igual en el local?).
Y si suena como el culo, piensas: bueno, igual es por la ecualización o por alguno de esos botoncitos del ampli que no sabes para qué sirven.
Tengo un amigo putero que se lleva siempre las lumis a casa porque dice que es como el Bilbao, que sólo sabe jugar en casa. Tendríamos que hacer lo mismo con las guitarras: llevárnoslas a casa durante una semana para saber si la queremos o no (aunque tengamos que dejarle un hijo en prenda al de la tienda).
Dios, ¡qué vida más perra!
