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Bueno, al lío.
Una pregunta que lanzo al aire: independientemente del GAS y de todo lo que conlleva y enlazando con el clásico "el tono está en los dedos" (o no, no lo sé), ¿realmente no nos estaremos engañando y a la vez enmascarando tras toneladas de equipo cuando iniciamos la búsqueda de "nuestro" sonido? Repito, aparte del GAS y del hecho de pegarse un gustazo de vez en cuando, ¿no nos quebramos demasiado la cabeza en "escondernos" y en echarle la culpa al equipo porque [i:39aqywop]"no es lo mío", "los graves no están definidos", "el grano no me gusta", "no es fluido, hay que arrancarle las notas"[/i:39aqywop], etc., cuando quizá en realidad el problema es que queremos que el equipo nos lleve y no lo sabemos llevar nosotros?
Me refiero, obviamente, no a cuando cambias de algo malo a algo medianamente serio, sino cuando ya dentro de un buen nivel de equipo, no terminamos de estar contentos con él. ¿No será por ejemplo que hay que tocar las seis notas del arpegio pero, apretando los machos, sólo llegamos a tres medio escuchables y queremos que la ganancia-compresión nos haga el trabajo sucio? ¿Ocultamos nuestras carencias musicales bajo el equipo y le echamos la culpa a [i:39aqywop]"ese grano, definición, etc., que no me gusta"[/i:39aqywop]? Toooodo esto engloba réplicas de Plexis [i:39aqywop]tuneaos[/i:39aqywop], condensadores rebosantes de mojo, válvulas NOS, chips mágicos, maderas hiper-mega-curadas en salas de vacío con gravedad cero y mil cosas más.
Hala, ya está la cosa reflexionada.
