A veces dan ganas de sumarse, aunque no se sepa el concreto motivo en cada caso, y de meterse en el grupo y aprovechar la ocasión para gritar un par de insultos seguramente muy merecidos por el político o personaje objetivo de la protesta, cosa que no hago básicamente porque siempre ando fatal de tiempo. Y además, no es cosa de que me vean y me digan: "¿qué hacias tú, en horario de trabajo, protestando contra los despidos de la droguería de la esquina?”.
Sin embargo, lo que sí vengo a contaros es que útimamente estoy algo obsesionado con el aspecto, digamos, "musical" de las protestas. Me explico. Los manifestantes portan la parafernalia habitual de pancartas y cacerolas, y nunca faltan los pitos y las bocinas. Y ahí quiero llegar: cada “instrumento” emite un solo sonido, pero el conjunto de ellos produce, se quiera o no, una armonía determinada, más o menos definible. A veces hasta una melodía.
Un día, al pasar por delaante de la Tesorería de la Seguridad Social, había una protesta y la insistencia de un manifestante portador de un pito me hizo construir mentalmente una escala a partir de la nota que daba. Construí la escala pentatónica menor, y así caminé hasta que llegué al trabajo, a ritmo de blues.
Otro día me encontré con la misma protesta y se me ocurrió ponerme a prueba e intentar adivinar la nota y llegué a la conclusión de que el pito estaba afinado en Do. Llegué ufano a la oficina memorizando la nota pensando que tenía “oído perfecto”, pero con una aplicación del iphone descubrí que lejos de ello, el pito no estaba en Do sino en La#. Eso sí, afortunadamente no en un cuarto de tono arriba o abajo, sino un La# perfecto.
Reconozco que fue un pequeño golpe a mi ego, pero tampoco me preocupé demasiado.
Esta mañana había en la calle una protesta con bocina y pito. Me sonaba a escala menor, así que la primera e inmediata impresión era que se trataba de tónica y tercera menor. Evidentemente, uno de los sonidos siempre se toma como “tónica”, quizá tomamos como tónica el sonido más fuerte o más grave, y el segundo como una nota de la escala que se construye a partir del sonido anterior. Pero al cabo de unos pocos pasos, recreando mentalmente la escala, me di cuenta de que el intervalo entre una y otra era más grande, y que en realidad la segunda nota era un intervalo de 5ª y no de 3ª menor (o de 4ª descendente).
Al tener sólo dos notas, es imposible averiguar si estamos ante un acorde mayor o menor, quizá sea porque para que haya un acorde es necesario tener tres sonidos, con dos no llega.
Pensé, sobre la marcha, que el oído del ser humano tiende a “formar” acordes completando los intervalos entre dos notas dadas, insuficientes por sí mismas para formar un acorde, y que esa integración la realizamos intecalando la nota que creemos que falta según nuestra propia sensibilidad creativa musical .
Así, pensé que donde sólo hay tónica y 5ª, mi sensibilidad musical me lleva a ver escalas menores y meter mentalmente intervalos de tercera menor.
Quizá eso explique por qué cada vez que ideo una melodía a la guitarra o al piano (instrumento este que toco con muñones), siempre me salen melodías tristes, o eso me dice mi mujer, empeñada siempre en que deje de aporrear el piano porque se pone triste. “Toca algo alegre”, me dice, y yo entonces toco la cancioncilla de aluette y me dice que me calle definitivamente. Entre sus múltiples virtudes no está la del oído musical, pero todo tiene un límite.
Quizá algún día la neurología estudie y explique por qué una escala menor suena triste y una mayor suena alegre, pero no quiero divagar demasiado por ahora, mejor será dejar ese debate para otra ocasión.
En este momento suena un martillo hidráulico de una obra en la calle y, al igual que me ocurrió cuando me hice una resonancia magnética, soy incapaz de relacionar ese ruido con ninguna referencia musical. Tendré que escuchar Sonic Youth más a menudo?
En fin, quería compartir estos pensamientos con vosotros y de paso preguntaros si os ocurre algo parecido o el rarito soy sólo yo
Saludos cordiales
