Aquí, el menda, nació el Lleida (pronúnciese YEIDE, o eso me hacían los de tarragona, salivando un poco la "Y" y alargando la segunda "E" casi hasta la arcada), pero mi única conexión con la tierra eran mis tías de Huesca que trabajaban con mi padre en el periódico, con eso lo digo todo. Raices, lo que se dice raices, la polla de Kunta Kinte y poco más.
Mi madre, yanki para más señas, le cogió bastante vicio a eso del pantumaca (sí sí, pantumaca, talibanes de escribirlo bien comedme la polla, el pantumaca es pantumaca aquí y en Abu Dhabi), tanto que lo pone en absolutamente todas las comidas, cenas, desayunos, meriendas, comidas post-parto, de régimen, nunca menos de media barra, etc.
Creo que no podría vivir sin el pantumaca y lo digo en serio. Cuando la comida es un coñazo el pantumaca te alegra el zampe. Y cuando la comida es cojonuda te la alegra más. Y si me ponen jamón delante oigo los fuegos artificiales de esos de después del coito. Como curro en Can Mare me aprieto pantumaca de todas las religiones a diario (bagete, pan del chino, congelado de tres días, ese de cartón del alcampo, el de la panadería guapa, gallego, hogaza, etc.).
Y todavía recuerdo las torradas kilométricas (creo que ya dí la brasa en el topic de memorias culinarias de juventú) que me apretaba en el Racó d'en Pep de mico, hechas a la brasa y con pernil a mansalva.
El día que me diga el médico que nada de pantumaca por temas de corazón pediré la eutanasia


