Un relato sobre la guerra
Publicado: 21 Mar 2007, 14:56
Este relato venía en un catalogo de Satchmojazz, y se publicó cuando comenzaron los bombardeos sobre Irak.
Desgraciadamente, cuatro años después sigue teniendo plena vigencia.
Sin entrar en polémicas creo que es un hermoso alegato por la paz.
Espero que os guste.
[i:zptb7ggn]El primer misil de la guerra destruyó una pequeña aldea en la periferia de Bagdad. Cerca de allí, sentado junto a una hoguera en pleno campo un grupo de músicos pasaban la noche tocando viejas melodías que habían aprendido de sus padres y sus abuelos. El segundo misil no tardó en llegar y esta vez el estruendo sonó mas cerca de donde ellos estaban. El que tocaba el laúd se levanto asustado y corrió como un loco hacia el camino, creía que la bomba había caído justo en su granja. Sus amigos le siguieron y la hoguera quedo abandonada, su resplandor era tenue comparado con los brillos malignos de los aviones de guerra surcando el cielo nocturno de Irak. Cuando los músicos llegaron a la granja todo era fuego y ruina, la muerte se había apoderado del lugar y en el aire todavía se percibía el terror que se había adueñado de todo unos segundos antes de la destrucción. El músico dejo su laúd sobre la tierra desmembrada y sollozó junto a los cadáveres de su esposa y sus hijos muertos. Uno de sus compañeros se acerco a el, quería consolarle pero sabia que nada podía decirle. Puso la mano sobre el hombro de su amigo y permaneció callado durante unos segundos. Todo era dolor y desolación, los ecos de las bombas cercanas y los resplandores de los lugares incendiados conferían a la escena un aire de teatro del desconcierto. El músico aparto por un momento la mirada de los cadáveres de su familia y la posó en su compañero. Entonces recordó como ambos, cuando eran niños que aprendían el arte de la música de los mayores, jugaban a buscar con sus instrumentos el tono en que estaban afinados los sonidos mas normales de la vida. Les encantaba acertar en que tonalidad sonaba el viento, la lluvia, el golpear de un hacha contra un tronco de abeto y un sinfín de cosas mas. Cada sonido correspondía a una nota y eso les hacia pensar que los días estaban llenos de músicas y bellas sonoridades. De repente un estruendo le arranco de aquellos pensamientos, era un bombardero americano rasgando el aire sobre sus cabezas. Se levanto y busco precipitadamente su laúd. Lo tuvo entre sus manos durante un buen rato, pulsando sobre el mástil frenéticamente, poseído por el ansia de quien busca algo desesperadamente sin conseguir ni un atisbo de triunfo. Finalmente volvió a dejar el instrumento sobre la tierra. Miró a sus amigos y hablando despacio les dijo que no había encontrado el tono, que no existía una nota musical cuya afinación se correspondiese con el rugido de un avión de guerra. Luego pensó que un bombardeo era una sinfonía infernal, un ruido de muerte cuyas notas no encajan con nada que tenga sentido en la vida. Mas tarde, mientras enterraba a sus seres amados, pudo adivinar el tono de la pala entrando en la tierra sin necesidad de tomar su laúd.
Autor: Josep Ramon Jové[/i:zptb7ggn]
Desgraciadamente, cuatro años después sigue teniendo plena vigencia.
Sin entrar en polémicas creo que es un hermoso alegato por la paz.
Espero que os guste.
[i:zptb7ggn]El primer misil de la guerra destruyó una pequeña aldea en la periferia de Bagdad. Cerca de allí, sentado junto a una hoguera en pleno campo un grupo de músicos pasaban la noche tocando viejas melodías que habían aprendido de sus padres y sus abuelos. El segundo misil no tardó en llegar y esta vez el estruendo sonó mas cerca de donde ellos estaban. El que tocaba el laúd se levanto asustado y corrió como un loco hacia el camino, creía que la bomba había caído justo en su granja. Sus amigos le siguieron y la hoguera quedo abandonada, su resplandor era tenue comparado con los brillos malignos de los aviones de guerra surcando el cielo nocturno de Irak. Cuando los músicos llegaron a la granja todo era fuego y ruina, la muerte se había apoderado del lugar y en el aire todavía se percibía el terror que se había adueñado de todo unos segundos antes de la destrucción. El músico dejo su laúd sobre la tierra desmembrada y sollozó junto a los cadáveres de su esposa y sus hijos muertos. Uno de sus compañeros se acerco a el, quería consolarle pero sabia que nada podía decirle. Puso la mano sobre el hombro de su amigo y permaneció callado durante unos segundos. Todo era dolor y desolación, los ecos de las bombas cercanas y los resplandores de los lugares incendiados conferían a la escena un aire de teatro del desconcierto. El músico aparto por un momento la mirada de los cadáveres de su familia y la posó en su compañero. Entonces recordó como ambos, cuando eran niños que aprendían el arte de la música de los mayores, jugaban a buscar con sus instrumentos el tono en que estaban afinados los sonidos mas normales de la vida. Les encantaba acertar en que tonalidad sonaba el viento, la lluvia, el golpear de un hacha contra un tronco de abeto y un sinfín de cosas mas. Cada sonido correspondía a una nota y eso les hacia pensar que los días estaban llenos de músicas y bellas sonoridades. De repente un estruendo le arranco de aquellos pensamientos, era un bombardero americano rasgando el aire sobre sus cabezas. Se levanto y busco precipitadamente su laúd. Lo tuvo entre sus manos durante un buen rato, pulsando sobre el mástil frenéticamente, poseído por el ansia de quien busca algo desesperadamente sin conseguir ni un atisbo de triunfo. Finalmente volvió a dejar el instrumento sobre la tierra. Miró a sus amigos y hablando despacio les dijo que no había encontrado el tono, que no existía una nota musical cuya afinación se correspondiese con el rugido de un avión de guerra. Luego pensó que un bombardeo era una sinfonía infernal, un ruido de muerte cuyas notas no encajan con nada que tenga sentido en la vida. Mas tarde, mientras enterraba a sus seres amados, pudo adivinar el tono de la pala entrando en la tierra sin necesidad de tomar su laúd.
Autor: Josep Ramon Jové[/i:zptb7ggn]