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Mario
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El productor musical Javier Limón Y BMG crean el sello Casa Limón para presentar a nuevos artistas


MADRID, 7 (EUROPA PRESS)

El productor musical Javier Limón, recientemente galardonado con el Grammy Latino al Mejor Productor del año, y el presidente de la discográfica BMG, Carlos López, han firmado un contrato para la creación de Casa Limón, un nuevo sello discográfico que desarrollará proyectos y presentará a nuevos artistas bajo la personalidad de Limón.


En tan solo un año y medio, Limón ha producido numerosos éxitos de crítica y ventas como el disco que unió a Bebo Valdés y Diego el Cigala titulado 'Lágrimas Negras'.

'Cositas Buenas' de Paco de Lucía, 'Homenaje a Don Juan Valderrama', 'La Rosa Blanca' de Montse Cortés, 'Niño Josele' o el reciente nuevo trabajo de Luz Casal son otros de sus trabajos más recientes.

Javier Limón (Madrid, 1973). Compositor y productor

Cursa sus estudios musicales de piano y guitarra en el Conservatorio de Madrid y en el Saint Francis Prep de Nueva York. Empieza su carrera profesional componiendo temas flamencos para artistas como Enrique Morente, Estrella Morente, Remedios Amaya, Potito, Montse Cortés...

Tras esta primera etapa empieza su carrera como productor. Entre sus trabajos más destacados figuran Cositas Buenas de Paco de Lucía, Lágrimas Negras de Bebo y Cigala, El Pequeño Reloj de Enrique Morente, Niño Josele, La Rosa Blanca de Montse Cortés...

En 2004 su trabajo es galardonado con diferentes premios, entre los que sobresalen el Grammy Latino al mejor productor del año y el Premio de la Música a la producción artística.

Desde 2003 ha realizado grabaciones en Palestina, Bogotá, Bristol, París, Bahía, Buenos Aires, Nueva York, Marruecos... Y ello le ha llevado a crear un sello musical propio, Casa Limón, sobre la base de la multiculturalidad y el asentamiento en las raíces. El proyecto arranca con el disco 'Limón', un álbum de presentación en el que interpretan las composiciones de Javier Limón artistas como Paco de Lucía, Niño Josele, La Tana y Potito, entre otros.

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Javier Limón, productor y compositor. Entrevista flamenco

“Paco de Lucía es el verdadero
productor del flamenco”

Silvia Calado. Madrid, junio de 2005

Un nombre viene repitiéndose desde hace varios años en los créditos de las novedades discográficas de flamenco. Y no es ni cantaor ni guitarrista ni palmero. Javier Limón, productor y compositor, ha dejado ya su marca en discos como ‘Lágrimas negras’ de Bebo Valdés y Diego el Cigala, ‘Cositas buenas’ de Paco de Lucía, ‘Niño Josele’, ‘La rosa blanca’ de Montse Cortés... Ahora todos los amigos que han pasado por su estudio participan en el disco presentación de su nuevo sello discográfico Casa Limón. Después del primer álbum ‘Limón’, “un guión hecho a la medida de actores” como Bebo Valdés, La Tana o Potito, vendrán los trabajos individuales: Niño Josele, Calamaro o La Negra, un descubrimiento del productor. La multiculturalidad, la invisibilidad de las máquinas, la amistad y el ‘haiku’ son máximas de este admirador confeso del maestro de Algeciras, “el productor realmente bueno del flamenco”.


Javier Limón (Foto: Daniel Muñoz)

¿En qué consiste el proyecto Casa Limón?

Lo que he hecho es coger a todos los colegas de mi estudio Casa Limón, los que han tocado en los discos de Enrique Morente, de Luz Casal, de Calamaro, de Paco de Lucía... que son los mismos todo el rato: Piraña, Alain Pérez, Niño Josele... Es como un equipo que se ha ido agrandando con otros artistas como Elian Elías, Marc Johnson, la gente del jazz, Carlinhos Brown... Va cogiendo molla el grupo. Y nos hemos creado el sellito este para acuñar lo que ya existe.

Uno de sus principios es la multiculturalidad, ¿no?

Los pilares básicos de la ‘big music’ eran Brasil, la música afrocubana, el jazz y luego, vía Piazzola, el tango argentino. Yo creo que el flamenco, gracias a Paco de Lucía sobre todo, es un lenguaje más, un pilar más de la música grande. Y el flamenco ya tiene vocabulario suficiente para que pueda hablar de cualquier tema, Ya se puede hacer en flamenco cualquier clásico. El punto de vista es hacer música mundial, pero siempre con un pie en el flamenco. Este año he grabado en muchos sitios -Bahía, Bristol, Bogotá, Nueva York- y cada vez que hablas de Paco de Lucía o del flamenco la gente se pone muy receptiva. Yo creo que va a funcionar. Luego a nivel business no sé si va a funcionar, pero me da igual. Creo que vender discos es una cosa secundaria, es algo que va al margen de si el disco es bueno o malo.


Javier Limón (Foto: Daniel Muñoz)

Pero se da la paradoja de que cosas que has producido se tildan de comerciales y después no son, ni mucho menos, superventas...

Si alguien me tacha de comercial, que se escuche ‘El Sorbo’, si tiene cojones de acabárselo, entonces que me diga que soy comercial. Por ejemplo, ‘Lágrimas Negras’, si hubiera pretendido ser comercial no tendría un solo de piano de cuatro minutos en ‘La bien pagá’. Lo que pasa es que luego ha pegado eso. Igual que los discos de Luz o de Calamaro o de Paco. Lo de Victoria Abril, que es un disquito sencillo de una mujer que le apetece cantar unas cancioncitas, sale en España y no vende una copia. Sin embargo, en Francia lleva setenta mil copias en tres semanas. ¿El disco es bueno o es malo? Desde luego la calidad del disco no tiene nada que ver con la venta. En el flamenco sí que es verdad que hay un público de diez mil a quince mil personas aficionadas que caen siempre pero, aún así, hay discos de guitarristas muy buenos que han vendido mil o dos mil copias. Paco porque está ya en otro plano, pero el segundo de a bordo, que no sé si es de Córdoba o de Almería, no creo que venda más de quince mil copias. Y muchos de estos grandes consagrados venden mil, dos mil o tres mil. Yo creo que la calidad no va en relación con las ventas.

A mí me lo dijo Paco de Lucía. “Cuando uno hace un disco tiene que hacer su disco, ni el de su familia, ni el de sus amigos, ni el de sus clientes, ni el de su compañía de discos”. La selección de temas, la elección de músicos, el estudio, las estructuras... tú haces lo que tú sientes y luego ya eso una vez que se termina vamos a defenderlo de puta madre. Tienes que serte fiel a ti mismo. De todas formas, en el disco este mío, que es el primero del sello, lo que he hecho ha sido un guión y luego he llamado a los actores ideales para cada melodía. Los que están en el disco son todos amigos, no hay infiltrados.

¿Qué tienen en común tus ‘actores’, aparte del limón de las fotos?

La amistad. Para mí Paco es mi ídolo desde pequeñito, es como Maradona para los niños que les gusta el fútbol. Simplemente, haberle conocido era la hostia. Después, haberle ayudado en su disco era la ‘rehostia’. Y que me haga aquí un tema es... uf. Somos todos amigos y están todos ligados. Jerry González ha tocado con Josele y Los Piratas, Bebo con Carlinhos... Todo un mejunje de colegas. Y mi grupo base del disco es el grupo de Paco: Niño Josele, Piraña y Alain Pérez.

¿Y musicalmente?


"Creo que agarrarse a los cuatro o cinco cantes de principios de siglo de Manuel Torre o Antonio Chacón y decir que son los mandamientos es de subnormal"

Lo que tienen en común es que todos conocen bien sus raíces, hasta Calamaro, todo un experto en tango argentino. He estado con él en Buenos Aires y he flipado, los grandes maestros del tango le veneran. Conoce muy bien el tango, la samba argentina, la chacarera y toda la música folclórica argentina. Y Bebo, fíjate, ¡casi que se ha inventado la música cubana! Tienen todos mucho conocimiento de su música, eso es lo que les hace estar cerca. Por ejemplo, para mezclar guaguancó con flamenco hay que saber que la salsa viene del guaguancó, que la música en clave afrocubana viene de Haití, de la música yoruba que, a su vez, viene de África directamente y es en Haití donde se mezcla con “la malagueña”, como dice Bebo. Eso hay que saberlo a la hora de juntar música cubana con flamenco. Yo creo que estos músicos son ideales para fusionarse porque tienen tal conocimiento de sus raíces que realmente saben qué parte tienen que sacar a flote en cada momento. Para eso Bebo es la hostia. Cuando estuvo haciendo ‘El milagro de Candeal’, si se tenía que fusionar con música brasileña, se acordaba de qué puntos en común africanos tenía que tocar...

Trabajar con Bebo habrá sido una experiencia alucinante, ¿no?

Claro, es que Bebo es una película. Y es que, como está tan joven y tan vital, no nos damos cuenta de lo viejo que es Bebo. Me contaron que iban en el coche Carlinhos, Trueba y Bebo y sonaba una canción en la radio. Fíjate lo vieja que era que contaba la historia de un jinete y un caballo. Y decía “pim, pim, cayó Berlín; pom, pom, cayó Japón”. Y era de los cubanos de la época para descojonarse de los japoneses y los alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Y en ese momento salta Bebo, que estaba todo el rato callado, y les dice: “Oye, chico, ahí llega un solo mío, creo”. Y aparece un solo de Bebo de los años 40. Carlinhos y Trueba por lo visto se quedaron mirando alucinados. Es imposible pillarle. Es que ha estado con Nat King Cole, con Sinatra, con Josephine Baker... un ‘capo’.

Entonces ‘Limón’ es como un catálogo de presentación de los trabajos individuales que van a venir?

Yo no quiero que sea un disco de colaboraciones. ‘Limón’ es un disco de música, pero como yo no soy instrumentista, llamo a mis colegas para que lo toquen. Pero creo que el disco tiene valor en sí mismo. Hay treinta músicos pero, en realidad, la espina dorsal del disco es un cuarteto... con muchas guindas. Todo tiene un sonido y un concepto. Y a partir de ahora sí vamos a sacar discos: uno de Niño Josele, otro con Calamaro, otro de una artista nueva que se llama La Negra que voy a sacar. Canta temas con aire flamenco, es muy original. También la idea es sacar gente nueva. Y luego haremos algún experimento raro con dos culturas extrañas. El objetivo es sacar durante el curso que viene cuatro o cinco discos. Y es como una colección, va a ir todo numerado. Son, más bien, momentos de artistas, no vamos a fichar a artistas fijos ni a hacer contratos para tres discos, será una colección de obras independientes, numeradita y cuidada.


Javier Limón en la silla donde graba Paco de Lucía (Foto: Daniel Muñoz)

¿Hay algún sitio en el que te guste estar a parte de en el estudio?

Hay algún sitio... en el que no me gusta estar. Jajajajaja.

Si las paredes de Casa Limón hablaran...

Unas orgías...

Musicales, ¿no?

Sí, claro, claro. Jajajajaja. La verdad es que en este estudio se está bien, estás como en tu casa. Intento que se vean las menos máquinas posibles. Tengo muchas escondidas y esas otras que quedan las voy a esconder también. Mi idea es que no se vean máquinas ni nada, que sea como una casa para estar, para tocar... que sea un punto de referencia para los músicos que vengan. Si viene Eliane Elías o quien sea, lleguen aquí y graben sus cosillas. Muchas discos se han grabado así. ‘Los Piratas del Flamenco’, por ejemplo. A Jerry le dije que tenía el estudio, que cuántos días cogía para grabar el disco. Y me contesta: “Coge dos, por si acaso”. Yo venía de hacer el de Morente, dos años en el estudio. Y se hizo en un día, claro.

Creo que la diferencia entre ese jazz de Jerry y el flamenco es que en jazz están todo el rato buscando en la armonía y en la melodía para, de repente, encontrar cuatro notas de gran belleza. Todo ese tiempo de búsqueda está justificado por ese momento de gran belleza. Y en el flamenco tiene que ser todo el rato máxima belleza. Es muy bonito el flamenco, es una joya, pero tiene un trabajo... Haces una bulería y en la cuarta letra el cantaor desafina un poquito y ya no vale un duro la bulería. Y en el jazz es al revés, está todo desafinado pero hay un momento y ya es un pedazo de tema. Es un concepto positivista, ver la belleza del detalle. Y el flamenco es a veces en eso sufridor. Yo creo que se va a volver a desdramatizar. Mi ídolo ahora es Capullo de Jerez, que me lo ha descubierto Paco de Lucía. Me recomendó que lo escuchara bien. Y es verdad que tiene un concepto brutal, canta con una libertad... Y Paco es que es el verdadero productor del flamenco. Lo que pasa es que como es el mejor guitarrista, el mejor músico de este país, el mejor...

Ya no le caben más títulos...

Pues el productor bueno de flamenco también es él: el que se ha inventado el cajón, los coros, las estructuras, grabar por pistas, la claqueta, pinchar... El que se ha metido en un estudio y ha dicho bueno, vale, ahora el flamenco en el estudio hay que inventárselo porque no vamos a hacer el cateto de meternos ahí, hacer lo que hacemos en el tablao y al disco. A mí me encanta. Paco ha puesto un nivel de exigencia en afinación, en ritmo, en estructura, en armonía, en toque... que comprendo que la gente no tenga tiempo para echar tantas horas. Como él si lo tiene... echa el tiempo hasta que eso queda cuajado, cuajado. Y ya no es sólo tiempo, es tiempo y criterio. No se pueden echar en un disco cinco años y que el disco sea un puto desastre. Yo he visto a Paco estar con un tercio, por ejemplo, dos horas o tres horas sin parar hasta que ha salido y luego lo he visto hacer un tema entero del tirón y darle el visto bueno. O sea, que es un tío que tiene clarísimo su criterio. Si sale del tirón, del tirón, pero si hay que estar tres días, se está tres días. Pero hasta que eso no coge el nivel guay no para.

Apuestas por la mezcla, por la fusión, ¿pero crees que el flamenco puede seguir avanzando dentro de sí mismo sin mirar a otras músicas?


"Estos músicos son ideales para fusionarse porque tienen tal conocimiento de sus raíces"

Yo creo que el flamenco es súper joven porque tiene dos siglos máximo. Y el flamenco es una mezcla de la música religiosa árabe, judía y cristiana que, en un determinado momento de la historia se mezclan y empiezan a surgir los primeros melismas. Hay música en gnawa que es como flamenco. Creo que agarrarse a los cuatro o cinco cantes de principios de siglo de Manuel Torre o Antonio Chacón y decir que son los mandamientos es de subnormal. Creo que el flamenco está en plena evolución, con un lenguaje que hay que ir enriqueciendo. Lo que sí es verdad es que para mezclar hay que conocer mucho. Los discos permiten tener esa formación. Cuando estuve con Juan Valderrama, me he tirado horas escuchándole tarantas y tarantas y tarantas para aprender. Y con Morente igual, me pego como una lapa. Te hace, de repente, la soleá de... Santa María. ¿Quién la conoce? Nadie. Y a él se la enseñó Pepe el de la Matrona y no está en ningún lado. Y eso se te clava. Creo que el flamenco se salva si los jóvenes se aficionan al cante antiguo, si no puede correr el riesgo de diluirse. Creo que es básico seguir escuchando a Tomás Pavón y a toda esta gente, básico.

Y si miramos hacia delante, ¿no crees que el aún llamado nuevo flamenco va con retraso respecto a la música actual?

Yo creo que en España todavía estamos en pañales en casi todas las músicas. El hip hop está en pañales, el rock frente a lo que se hace en Bristol, y el jazz igual. Todo está en pañales. Pero sí creo que el flamenco haciendo flamenco está al nivel de cualquier música. El rock de España está así porque no es nuestra cultura. ¿Cuántos niños de catorce años hay que toquen bien la guitarra eléctrica? No hay. Y en Estados Unidos pegas una patada en un high school y salen diecisiete que se la meriendan. Es la cultura. ¿No habéis escuchado a Phil Collins lo bonito que suena cuando canta en inglés y lo hortera que suena cuando canta en castellano? Suena ridículo. El idioma tiene también mucho que ver. Con lo que me gusta Sting a mí.

Y en la faceta de letrista, ¿cómo funcionas?

Mis mejores letras han salido cuando había prisas, un café corriendo, grabar y a toda hostia. ‘Hubo un lugar’, por ejemplo, o ‘El concierto de Aranjuez’ en el DVD de Bebo y Cigala, que es la única que han admitido los herederos de Joaquín Rodrigo. Y creo que la poesía flamenca más bonita que se ha escrito es la de los ‘haikus’ japoneses.

¿Te planteas que sea más musical que de contenido?

No, no, no. Me planteo que mis letras tengan contenido. Hay muchas veces que escribo la letra antes. Y me he dado cuenta de que una de las maneras interesantes de enriquecer la composición flamenca es poner poesía que no sea de versos octosílabos o endecasílabos, sino que sea la prosa o la métrica libre. Eso obliga a buscar recursos rítmicos y melódicos nuevos y diferentes. Todo el flamenco tradicional está en tercetos, cuartetas o quintetos con rimas clásicas. Por eso el haiku me gusta, porque cuando es otra métrica te ves obligado a colocar los cantes de otra manera y crear nuevos tercios. Por eso Morente es tan creativo a nivel compositivo, como coge poemas tipo ‘Poeta en Nueva York’ que son libres, se ha obligado a colocar los cantes de una manera nueva. Es muy inteligente.

Como productor, ¿qué uso haces de las máquinas?

Yo creo que el ProTools y todo esto es una herramienta más que hay que saber usar. Lo ideal es que el uso de las máquinas no se note y que la grabación final sea lo más parecido a un momento real que pudiera haber ocurrido en una habitación. Luego supongo que hay cositas electrónicas que serán interesantes de abordar. Ahora estoy haciendo algo de hip hop, que también me interesa. Pero eso es ya otra historia. Ahora estamos poniendo filtros a los cajones en algunos casos. Por ejemplo, en la soleá de Paco de Lucía, una parte de la percusión es una bolsa de plástico haciendo “chas” y mezclado con filtros suena bien. Y es Paco de Lucía... y es una bolsa de basura. Bueno, de basura, no, de plástico...

No queda bien poner las palabras ‘Paco’ y ‘basura’ en la misma frase...

¡No, eso nunca! Jajajajajaja.

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